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La entrada de hoy es bastante heterodoxa. Entre otras cosas, empezaremos hablando sobre los conejos, esos bellos animales que como mascotas hacen las delicias de niños y mayores. Son mucho más amigables que los gatos y su pipí no apesta tanto. En la naturaleza es fácil verlos correteando por el campo. Incluso nosotros tenemos a una familia de conejos compartiendo apaciblemente con liebres y urracas el jardín del edificio donde vivimos. Y yendo al tema que nos concierne, si uno estudia un poco de ecología se da cuenta de que los conejos no sólo son adorables, sino que además hay muchos otros animales que dependen de ellos para su supervivencia. Por ejemplo en el ecosistema mediterráneo tienen unas 40 especies de depredadores directos, incluyendo al lince ibérico, zorros, mustélidos, aves rapaces, serpientes… Por eso cuando una entidad pretende proteger un determinado hábitat la atención se la llevan especies clave, como en este caso es el conejo. Así, sin comerlo ni beberlo, de los conejos depende en gran medida la supervivencia de un ecosistema completo (con permiso de las plantas, claro).

Puede que ya supieses esto acerca de los conejos, o que hayas aprendido algo nuevo (de nada). En cualquier caso, esta introducción me sirve para ejemplificar cómo me siento tras el casi medio año que ha pasado desde que me hice autónomo (o emprendedor, que suena más moderno): un conejo. Sí, ya sé que soy adorable (y mi pipí tampoco huele tan mal como el de un gato), pero el paralelismo está en que creo que tengo al menos 40 depredadores acechándome. Eso en un día de suerte.

Nadie me dijo al dar el paso hacia el emprendimiento que la experiencia no iba a ser como la de un conejo mascota, querido y abrazado, sino más bien como la de un conejo salvaje que se encuentra en medio del bosque rodeado de zorros, águilas, linces, serpientes… Porque los autónomos somos los conejos del ecosistema económico. Producimos para el provecho de toda la comunidad. Aparte del IVA (que es del 24% en Finlandia) hay que pagarse el seguro de desempleo obligatorio, tener un contable (no hay quien entienda el sistema de impuestos de este país), abrirse una cuenta bancaria de empresa (suena guay, pero te crujen muchísimo más que para una personal), etc. Y legalmente no puedes librarte de eso. Ganes lo que ganes. Y son varios miles de euros al año. Que igual antes cuando trabajaba por cuenta ajena lo pagaba pero no me enteraba (quién se lee la nómina?), y duele mucho más cuando tienes que abonarlo así directamente. 

Gracias por leer hasta aquí. Tenía que desahogarme de alguna manera. Ahora volvamos al tema principal del post: los depredadores que te acechan sin que te des cuenta. Hay que tener cuidado con esos lobos con piel de cordero.

Cuando abres un negocio, si no tienes conocimientos empresariales es normal sentirse perdido e inseguro. Todo es nuevo, te estás adentrando en lo desconocido. Y para evitar errores de aprendiz, empiezas a estudiar por tu cuenta por internet, y a ir a cursos públicos para emprendedores. Por cierto, gracias Finlandia por ese apoyo. Todo bien, pero sientes que es insuficiente porque la mayoría de lo que te enseñan son cosas bastante obvias. Entonces empiezas a leer y suscribirte a blogs, a seguir online a gurús de los negocios, que hay muchísimos, y todos tienen la receta para el éxito. “Si sigues mi curso, que es único, te enseñaré a tener éxito sin esfuerzo y desde cero”, o perlas del tipo “cómo pasar de tieso a millonario en 3 meses, sin tener experiencia previa”, o “cómo conseguir 50 clientes nuevos, sólo en tu primer mes”, y un largo etcétera. Y mientras más lees, más se te llena la bandeja de entrada del correo electrónico y tu muro de Facebook de ofertas similares. No sé cómo no soy ya millonario.

Todos te ofrecen algo gratis, porque quieren ayudarte, hacerte tener el mismo éxito que ellos tuvieron, darte su fórmula mágica para llegar hasta donde llegaron. Algunos tienen literalmente fórmulas para ello. Otros un modelo de “67 pasos para llegar a tener salud, dinero, amor y felicidad”. Otros salen de la nada y se auto-proclaman “el coach de negocios #1 del mundo”, y organizan eventos por muchos países para promover sus programas. Y la lista sigue hasta el infinito y más allá.

Mi favorita era una coach de coaches que ofrece un programa de 3 meses online para aprender a diseñar cursos online de 3 meses y que la gente te los comprara. Básicamente lo que ella hacía. La lógica: cómprame este curso y te enseño a hacer un curso que la gente te va a comprar, y seguro que funciona, mírate tú, no me estás ya comprando esto? Ahí si lo compras no puedes decir nada… Touché!

Al final, conservando una mente crítica, todos estos gurús te ofrecen lo mismo que los que te enseñan en las formaciones gratuítas del gobierno, sólo que con su toque personal, y pagándoles un pastizal. Así que si conectas los puntos, ves cómo de ayudarte poco, sólo son tus depredadores naturales como conejo recién llegado al campo de los negocios. Te prometen éxito, pero tienes que seguir sus consejos. Si no te sale bien, es tu culpa, algo habrás hecho mal, porque a ellos les funciona. Acaso no ves lo exitosos que son?

Así que desde hace un tiempo he dejado de seguir a este tipo de gurús, salvo un par de excepciones que considero interesantes y útiles, como Nela Dunato o Mark Manson (escriben en inglés, sorry!).

Hace poco me encontré con esta frase de Darren Hardy (está en su libro The Compound Effect), que retrata a la perfección la idea que estaba fraguando en mi interior: “Nunca pidas consejo a alguien con quien no querrías cambiarte”

Y en este punto es donde quiero realzar la figura del mentor. Si tienes la necesidad de adquirir nuevos conocimientos sobre algún tema, y si has leído comprensivamente hasta aquí, estarás convencido de que seguir online a gurús no te va a ayudar. En su lugar, te recomiendo buscar a alguien que conozcas y que ya esté haciendo eso que pretendes hacer, que le vaya bien, y hablar con esa persona directamente. Cara a cara si es posible (skype cuenta también), para que la información sea bidireccional. Si accede, ya tienes un mentor, y te ayudará a evitar todos esos errores de novato que sin duda cometerías, no porque sean muy listos, sino porque ellos ya los cometieron y resolvieron en su día. No hace falta reinventar la rueda. Tu camino será mucho más directo si sabes al menos por donde no ir.

Sobre quién puede ser tu mentor, podría ser un amigo, o un conocido, o alguien con el que tuviste contacto en el pasado: ese profesor tan guay de la universidad, el terapeuta que te trató años atrás, el dueño de ese negocio donde siempre vas… No tengas miedo en pedir ayuda, normalmente estas personas son agradables y te escucharán. Aunque suelen estar bastante ocupados, así que tampoco seas demasiado cansino. Además, si no contestan o te responden de mala manera, ya sabes que a esa persona no la quieres como mentor, porque no creo que pretendas llegar a ser un cretino. Sigue buscando!

De momento yo tengo 2 mentores, y os puedo decir que media hora de charla con cualquiera de ellos me ayuda a orientarme profesionalmente mucho más que 100 horas de videotutoriales o que cualquier curso del auto-proclamado coach #1 del mundo.

Para ir cerrando, la moraleja de esta entrada: es mejor pedir consejo a alguien que conoces y que conoce el negocio. Encuentra un mentor. Huye de los gurús de internet, aunque tengan millones de seguidores. Porque esos no te conocen y les importas entre poco y nada, para ellos solo eres un click o un suscriptor más. Por el contrario, el mentor se preocupa por ti, y te puede orientar porque sabe de lo que habla y de tu situación actual.

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